Al llegar a España me impresionaron muchísimas cosas. Una de ellas fueron las calles. Y eso se debe a que aquí existen muchísimas calles. Me han comentado que es así en toda Europa. Y lo he confirmado por lo menos aquí en Madrid.
En esta ciudad no hay que tratar de perderse. Cuando menos te lo imaginas, ya estás perdido.
Yo estoy acostumbrado a las calles de la ciudad de Nueva York. Simplemente me das el número de la calle, la avenida y allí estoy sin ningún problema.
Trata de hacer eso aquí.
¡Imposible!
Las calles van en todas las direcciones. Unas por aquí, otras por allá y las demás entre esas otras dos. Hay calles que bajan, otras que suben y otras las cruzan. Hay pequeñas, grandes y inmensas. Existen Calles Mayores, Gran Avenidas y Callejones.
Advertencia: ten mucho cuidado al entrar a un callejón. Esos son los más peligrosos.
Lo único que tienes para guiarte son unas pequeñas placas anexas a los edificios en las esquinas. Si pierdes el miedo y te atreves a preguntarle a alguien la mejor calle para llegar a un lugar solo quedaras más confuso. Y es que aquí, existen, por lo menos, siete calles que te llevaran a otras cinco, que te dejaran con tres que finalmente te conducirán a la calle deseada.
Me acuerdo de cuando le había pedido direcciones a mi amigo de cómo llegar a la Calle Prim. Entres sus sugerencias y mis preguntas terminamos confundiéndonos los dos. Finalmente cuando puse la teoría a la práctica terminé caminando más de lo que debía. Sí me había perdido.
Pero al final de cuentas de una cosa hay que recordarse. Eso es que, siempre llegaras a tu destino final. Y aunque te hayas pasado los últimos treinta minutos dando vueltas, habrás encontrado personas, sitios y por supuesto, calles nuevas.
Atrévete, puede ser divertido.
4 comentarios
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Me ha emocionado profundamente tu escrito. Cualquiera que haya vivido en el extranjero, fuera de su entorno y lejos de los suyos puede comprender lo que significa que algo -un olor, una música, una imagen...- o alguien te 'devuelva' momentáneamente a 'casa'. Es una sensación interna de alegría vertiginosa que merece la pena vivir. Después... volvemos a la realidad, que también puede ofrecer muchas satisfacciones y experiencias nuevas (por eso o para eso nos movemos), pero ese paréntesis 'en casa' es algo que no vamos a olvidar fácilmente.
Gracias por transmitir tus emociones.
Has capturado perfectamente la sensación de miedo y aventura caminando por las calles de Madrid, aún si sólo vas a la tienda a por una cebolla. Yo me pierdo siempre, por eso, no me gustan las ciudades. Prefiero perderme en un bosque, allí siempre hay huecos entre las ramas para que se pueda orientarse y buscar la luz.
¿Sabes que los seres humanos tienen una propensión a dar vueltas cuando estén perdidos?
Me fascinan las calles de Madrid, especialmente en los barrios más antiguos, y también los cascos viejos de San Sebastián, Bilbao, Toledo, etc. Me encantan por la razón que has mencionado, son estrechas, van en todas las direcciones y es muy fácil perderse andando por ellas. ¿Existe algo más romántico que estas calles? Cuando puedas, debes pasar por el barrio de Santa Cruz en Sevilla. Es diez veces más confuso que cualquier barrio de Madrid y, a la misma vez, encontrarás algo muy parecido -nadie sabe los nombres de las calles y todos siguen, creo, su propia brújula interior.
Si se tiene la precaución de informarse previamente sobre dónde no se debería ir (consúltese a nativos 'de fiar'), perderse en una ciudad es un pozo de sorpresas. ¡Piérdete y mira todo lo que hay ante tus ojos: ventanas, puertas, tiendas de objetos de lo más variopinto, placas conmemorativas, gente en los balcones, plantas, imágenes de santos (y santas)... ¡Un mundo por descubrir!