Madrid es una ciudad que está en constante destrucción, construcción y reconstrucción. Al caminar por sus calles podrás ver montones de señales que te avisaran que tal y tal calle está cerrada o que algún museo o monumento no está en funcionamiento. ¡Aviso, esta calle está en obras! También verás camiones, cuyos nombres o cuya diferencia no los conozco, y por supuesto nunca faltan los funcionarios vestidos de verde lumínico, que con sus perspicaces piropos a las chicas que por esas zonas pasan, manejan lo necesario para ayudar en este largo y inacabado proceso de lo que llamaremos la remodelación que mantendrá a Madrid al día.
Me acuerdo que me habían comentado, antes, que el Madrid de hace cinco años no es el Madrid de hoy y que sucesivamente el Madrid de hoy no será el que veremos de aquí a cinco años. Estas mudanzas en el ambiente madrileño, y español, no son sólo cambios en el aspecto estructural e arquitectural, lo son también cambios ideológicos. Unos de los ejemplos más ilustrativos podría ser la decisión positiva que el pueblo español hizo ante el casamiento homosexual.
Mientras estuve en Brasil discutí con varios amigos este cambio tan radical, que aunque aquí, tal vez se esperaba, nosotros, al otro lado del mundo, nunca no lo hubiéramos imaginado. Una de las razones que más circuló en nuestras conversas fue la del vinculo que ha existido, desde hace siglo, entre España y la iglesia Católica. Esto nos hizo pensar que el casamiento homosexual jamás seria permitido, especialmente en estos momentos en los cuales la iglesia Católica se encuentra ante debates que hasta ahora han estado en contra la homosexualidad.
Entonces, a qué se deben todos estos cambios radicales que están ocurriendo en España y qué piensan los españoles sobre ellos.
