Publicidad:
Terra
La Coctelera

EN CONSTRUCCIÓN

Madrid es una ciudad que está en constante destrucción, construcción y reconstrucción. Al caminar por sus calles podrás ver montones de señales que te avisaran que tal y tal calle está cerrada o que algún museo o monumento no está en funcionamiento. ¡Aviso, esta calle está en obras! También verás camiones, cuyos nombres o cuya diferencia no los conozco, y por supuesto nunca faltan los funcionarios vestidos de verde lumínico, que con sus perspicaces piropos a las chicas que por esas zonas pasan, manejan lo necesario para ayudar en este largo y inacabado proceso de lo que llamaremos la remodelación que mantendrá a Madrid al día.

Me acuerdo que me habían comentado, antes, que el Madrid de hace cinco años no es el Madrid de hoy y que sucesivamente el Madrid de hoy no será el que veremos de aquí a cinco años. Estas mudanzas en el ambiente madrileño, y español, no son sólo cambios en el aspecto estructural e arquitectural, lo son también cambios ideológicos. Unos de los ejemplos más ilustrativos podría ser la decisión positiva que el pueblo español hizo ante el casamiento homosexual.

Mientras estuve en Brasil discutí con varios amigos este cambio tan radical, que aunque aquí, tal vez se esperaba, nosotros, al otro lado del mundo, nunca no lo hubiéramos imaginado. Una de las razones que más circuló en nuestras conversas fue la del vinculo que ha existido, desde hace siglo, entre España y la iglesia Católica. Esto nos hizo pensar que el casamiento homosexual jamás seria permitido, especialmente en estos momentos en los cuales la iglesia Católica se encuentra ante debates que hasta ahora han estado en contra la homosexualidad.

Entonces, a qué se deben todos estos cambios radicales que están ocurriendo en España y qué piensan los españoles sobre ellos.

PERO, ¿Y EL CAFÉ?

El otro día tuve una conversación con Carolina sobre el por qué las librerías aquí, en Madrid, no suelen vender café. Ella me había comentado que no había visto a nadie beber café mientras leía el periódico, alguna revista o una novela. En los Estates, toma nota que aquí habla de los Estados Unidos, la mayoría de las personas estaban acostumbradas a leer mientras bebían su cafecito o té en algún coffee shop, siguió comentándome ella. Yo le respondí que no había percibido eso aquí en Madrid, pero que era una cuestión interesantísima. De aquí en adelante aventuramos entre las mil y un posibilidades que podrían explicar este, llamémoslo, fenómeno.

Y era cierto. Entré en varios locales a donde se vendía café, pero al parecer no había casi nadie leyendo. Luego decidí entrar en las librerías y noté que allí tampoco no había personas bebiendo café. Y si no me equivoco en la mayoría de las librerías, y nótese que estoy hablando de las librerías en las cuales yo he entrado, no todas, no suelen vender café. De una cosa estoy seguro y eso es que aquí sí se lee. Siempre verás a personas, bueno que se note que la mayoría son las mujeres, leyendo novelas, revistas o periódicos, pero esto será tema de otra cuestión en la cual embarcaremos la polémica de quien lee más, el hombre o la mujer. Ya lo otro me estaba comiendo las entrañas.

Así que salí en busca de una posible respuesta a esta cuestión, que aunque considerada tonta por algunos, a mi, y quizás a otros, simplemente no me, nos, dejaba dormir. Así que después de hablar con otros estudiantes de la Sede Prim, todos norte americanos y acostumbrados al café y a la lectura como cosas inseparables, recibí las siguientes respuestas:

Así que vamos a lo que nos propusimos. .

Entonces, por qué es que los madrileños no beben café cuando leen:
-Sólo quieren concentrarse en la lectura.
-Yo no se.
-No lo he notado.
-Porque tomar café es algo más social, mientras que leer es antisocial.
-La mayoría de las personas leen en el Metro adonde no se bebe café.
-Hay un tiempo para todo: uno para el café y otro para la lectura.
-¿Quién tiene tiempo para sentarse, tomar café y leer?
-El café es demasiado fuerte…muchísima cafeína, la lectura es algo que se hace cuando calmo.
-¿La gente no lee?
-No te da tiempo de realizar una buena lectura con la pequeña dosis de café que sirven aquí.
-El café te anima a hablar, como el vino o la cerveza, no ánimo para leer.

¿Será una de éstas la verdadera respuesta a nuestra pregunta, tomando en cuenta que hoy en día no existen las verdades? No lo sé y no sé si tú lo sabrás, pero ¿qué piensas?

LAS CALLES

Al llegar a España me impresionaron muchísimas cosas. Una de ellas fueron las calles. Y eso se debe a que aquí existen muchísimas calles. Me han comentado que es así en toda Europa. Y lo he confirmado por lo menos aquí en Madrid.
En esta ciudad no hay que tratar de perderse. Cuando menos te lo imaginas, ya estás perdido.
Yo estoy acostumbrado a las calles de la ciudad de Nueva York. Simplemente me das el número de la calle, la avenida y allí estoy sin ningún problema.
Trata de hacer eso aquí.
¡Imposible!
Las calles van en todas las direcciones. Unas por aquí, otras por allá y las demás entre esas otras dos. Hay calles que bajan, otras que suben y otras las cruzan. Hay pequeñas, grandes y inmensas. Existen Calles Mayores, Gran Avenidas y Callejones.
Advertencia: ten mucho cuidado al entrar a un callejón. Esos son los más peligrosos.
Lo único que tienes para guiarte son unas pequeñas placas anexas a los edificios en las esquinas. Si pierdes el miedo y te atreves a preguntarle a alguien la mejor calle para llegar a un lugar solo quedaras más confuso. Y es que aquí, existen, por lo menos, siete calles que te llevaran a otras cinco, que te dejaran con tres que finalmente te conducirán a la calle deseada.
Me acuerdo de cuando le había pedido direcciones a mi amigo de cómo llegar a la Calle Prim. Entres sus sugerencias y mis preguntas terminamos confundiéndonos los dos. Finalmente cuando puse la teoría a la práctica terminé caminando más de lo que debía. Sí me había perdido.
Pero al final de cuentas de una cosa hay que recordarse. Eso es que, siempre llegaras a tu destino final. Y aunque te hayas pasado los últimos treinta minutos dando vueltas, habrás encontrado personas, sitios y por supuesto, calles nuevas.
Atrévete, puede ser divertido.

PRIMER ENCUENTRO

Sabía que no iba a tardar mucho tiempo en conocer a otro latinoamericano o caribeño en Madrid. Habían pasado sólo dos días desde mi llegada y ya alguien me estaba preguntando de dónde era. Así como que interrogando el color de mi piel. Mi manera de hablar.
-De Santo Domingo, le contesté entre dientes. Sus ojos me decían que me había comprendido. Y yo ya la tuteaba porque sabía a dónde iba con sus preguntas. - ¿Y tú?
-Del Cibao, me respondió con aquel acento dominicano que no había oído desde que partí de casa. Toda sonriente. Así como sí estuviera feliz de haber encontrado a un amigo perdido hace años. Parecía como que quería darme un abrazo. Una Bienvenida. Bienvenido compañero, quieres tomarte un cafecito o un jugo, me hubiera dicho. Sólo que ésta vez éramos desconocidos. Unidos por un mismo país fuera de nuestro alcance. Lejos en el Caribe.

Nos tratamos como conocidos. Así como dos amigos que se han encontrado por casualidad. Porque aquello era casualidad de la vida. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡Ay, Dios! hubiera dicho Rubén Blades.
-Mire, ese ahí es mi paisano le dijo a su compañera de trabajo.
Ella me sonrió
Los tres nos reímos.

Andaba con otros compañeros del programa de Middlebury College aquí en Madrid tomando un cafecito en Jamaica. Mientras ellos hablaban castellano, agrupados en una mesa disfrutando su café, yo me encontraba hablando dominicano con los que hubieran parecido viejos amigos. El frío, que afuera hacia lo había matado el calor de nuestra conversación.
-¿Quieres ir a bailar en alguna discoteca dominicana? Hasta asopao dan al final de la noche.
(risas)
-¿Cuándo? Le pregunté mecánicamente como si respondiéndole que sí.
-Cuando quieras.
-Vale. Esa fue la unica frase madrilena dicha en toda la conversacion.

Los chicos estaban casi yéndose. Tuve que despedirme. –Nos vemos. Prometo pasar otra vez. Sabía que algo se me había olvidado.
-¿Cómo te llamas?
-Me puedes llamar, Manuela o Isabel.
-¿Por qué los dos nombres? Le pregunté como que sí algo raro tenia que a ella le llamaran por diferentes nombres diferentes personas. Me parecía que estaba mintiendo. Acordándose de sus padres cuando le decían que no hablara con desconocidos. Y ese desconocido era yo. Claro que no me iba a decir su verdadero nombre.
-Porque todo dominicano tiene un apodo. Me dicen Manuela porque mi padre se llama Manuel. Isabel es mi verdadero nombre.
Le sonreí.
Ya me estaba despidiendo. Feliz porque no me había mentido.
-¿Y tú?
-Amaury. Ningún apodo le dije. Simplemente Amaury. Nada más y nada menos.
-Espero verte.
-Hasta luego.

Nos despedimos como con planes de encontrarnos el próximo día. Como amigos viejos y una vez perdidos.
Así como paisanos y compatriotas.
Lejos de lo nuestro.
Siempre extrañándolo.

Cuando los chicos me preguntaron que con quien hablaba les respondi:
pues,
con una vieja amiga.